Wednesday, September 18, 2024

Bosquejos de una sociedad XVI

Sha Tin. Domingo. Tarde de caballos. Vamos a cambiar nuestra fortuna en las carreras. O quizá sólo a dejar pasar otra semana, pensando otra vez en escapar de una miseria perenne. Una o dos cervezas. Depende de a quién encontremos. Esta semana he estudiado los periódicos, he leído las estadísticas, he descifrado los signos de la riqueza. ¿Azar? No. Para que luego digan que los pobres no sabemos usar la cabeza. Allá vamos todos: en el metro, en el autobús. Hacinados, como siempre en la vida. Sería bueno volver en la primera clase, después de haber ganado en un par de carreras. Un cambio. Nada de pedos, codazos, gilipollas malencarados. Nada del día a día. Ya llegamos. Aquí está el hipódromo. Enorme. Este terreno debe valer su buen dinero. ¿Cuántas viviendas de protección oficial se podrían construir en esta tierra? El suelo debe estar bien abonado con las cagadas de los caballos. Hasta podría hacerse una escuela con una huerta para los niños. No. Eso no da dinero. Esto sí. Esos fantasmas blancos no hacen nada si no piensan que van a extraernos la riqueza con ello. Bueno, al menos es un espectáculo entretenido. Y puedo escapar del piso y dejar de cocerme y agobiarme en una habitación minúscula. Tengo que encontrar dónde se esconden esas chinches que me están matando cada noche. Sí, aquí mejor. Casi me siento un dandy, con el pantalón largo y la camisa. Algo bueno tuvo que dejar la vieja madre de esos piratas británicos. Que se vayan ellos y dejen los caballos. A ver, qué tenemos en la primera carrera. Estudia bien los resultados. Los nombres, eso es importante. Un mal nombre trae mala suerte. ¿Cuánto apostamos de entrada? Poco, o acabarás comiendo fideos con nada, o arroz en sopa toda la semana. No sería la primera vez que te pasa. Cabeza fría. No pidas una cerveza, espera. Vete al baño antes de que se empuerque todo. Importante. Alguna vez, hasta vómitos te encuentras. No me jodáis el domingo, ¿eh? Esta tarde nadie me da órdenes. Esta tarde la vida me va a regalar todo lo que me negó desde que nací. A ver, los nombres…Ya está. Sí. Este va a ser. Es una corazonada. A la mierda el método y las estadísticas. Me lo susurran los fantasmas de este lugar, que me conocen bien de verme todas las semanas. Pon un poco para comenzar. Con cautela, no estropees la diversión demasiado pronto. Venga, vamos a la ventanilla. Bueno, tengo la rueda de mi destino girando ya en este papelito. Busquemos un lugar cómodo para ver la carrera. ¿Están paseando ya a los animales? No importa. Todos estos pobres idiotas no saben que voy a darle un vuelco a mi vida de perro callejero, en muy poco tiempo. Me lo merezco, joder. Mandar a la mierda a todos los cabrones que me gritan órdenes y me insultan de lunes a sábado, por unas decenas de dólares cochambrosos. Se acabó el sobrevivir. Quiero un poco de ese lujo que sale en las televisiones, esas cosas que se hacen en los pisos superiores de los rascacielos de cristal. ¿Por qué yo no, a ver? Ya está bien de vivir en cuchitriles. De ver ratas y cucarachas por todos lados. De reventarte doce horas al día para cobrar mierda, y que nadie aprecie el esfuerzo. De no saber cuánto vas a aguantar, o si tendrás para comer cuando te pongas enfermo o las nubes te vuelvan a entrar en la cabeza, como el año pasado. Ya toco ese desfile de platos en el restaurante, y la muchacha hermosa en su minifalda trayéndome otra botella de cerveza. Ya veo esa vida que algunos dicen que existe en esta ciudad. Esto va a empezar. Ya están alineados. Bueno, este momento de ilusión al menos no me lo van a quitar, ¿verdad? Venga, dale. Eso es. ¡Más rápido! ¡Más rápido! Tu vieja madre. Dale fuerte en el flanco. Venga. ¡Más rápido! ¡Más…! Joder. Tu vieja madre. Joder. ¿Es que los cielos no se cansarán nunca de verme sufrir? Quizá la siguiente carrera. El viento y el agua no estaban alineados todavía a mi favor. Sí, eso es. La siguiente carrera. Vamos a la ventanilla…

Thursday, September 12, 2024

Jaulas

¿Los pisos jaula? ¿Que si los conozco? ¿Si existen? Por supuesto. No, no son miles. Para nada. No es algo tan común. Pero existen. Desde hace mucho tiempo. Quizá siempre han estado ahí. ¿Que quieres verlos? ¿Para qué? ¿Vas a dormir hoy en uno, imbécil? No, tú no podrías, no es para gente como tú. Eres demasiado palidito y estás demasiado perfumado para eso. Tu vieja madre. ¿Qué es lo que te interesa tanto de estas jaulas? No son más que eso: barrotes, hierros juntados con forma rectangular, una entrada, separaciones, y una plancha para que descanse el pobre infeliz que lo alquila. ¿Nunca has visto una jaula grande? Pues eso. Es mera utilidad. La estética no existe para el pobre. Esas mierdas son para cerdos bien cebaditos como tú. ¿Que quieres sacar fotos? ¿Para tu canal? Cabrón. No te diviertas observando la miseria ajena. No somos animales de zoológico, dispuestos para divertir a turistas de mierda como tú. Te mereces que te metan en una de esas jaulas y te dejen ahí, encerrado, gritando y meándote encima hasta que pierdas la razón. Es para volverse loco, ¿verdad? Lo loco es que, unos kilómetros más allá, haya cabrones que tengan casas tan grandes que no sepan ni cuántos baños y salones tienen, ¿no te parece? Igual puedes ver algunas de esas jaulas en la calle, aireándose y secándose al sol después de un lavado. Lo más vomitivo no es tener que dormir ahí, sino la gente que te lo alquila. Esos sí que son unos hijos de su vieja madre. Y luego no quieren saber nada si hay robos, bronca, lo único que dicen es que no quieren manchas, ni sangre, ni heces, ni meado… Es su puto hotel, ¿verdad? No se lo estropees. ¿Que cuántos tipos de jaulas existen? No te jode. Con vistas al mar o al callejón, si te parece. ¿Quieres que te cuente un secreto? Mira, existen muchísimos tipos de jaulas. Algunos apartamentos son jaulas, los han subdividido, un dormitorio y ya está, y pueden ser mucho más claustrofóbicos que soñar entre barrotes. Los albergues del gobierno pueden ser como jaulas. Anda que no hay mala gente ahí. Algunos incluso duermen en ataúdes, y hay que pagar por ello, ¿eh? Ni hacerte el muerto es gratis en este lugar. Guárdame el secreto, anda. Acércate. Mira, piénsalo despacio, ¿no te has dado cuenta todavía? Toda esta ciudad, toda, es una gran, enorme, horrible jaula. La gente se piensa que es libre, pero no es verdad. Estamos todos atrapados. Todos. Nadie puede escapar. Primero te agotarán hasta la muerte, antes que dejarte marchar con algo de valor dentro de ti. Nadie escapa de esta jaula sin dejarse un pedazo de cuerpo atrapado entre los hierros herrumbrosos y los alambres. Nadie. La mayoría se dejan el alma, al menos eso. ¿Y tú, hijo, qué crees que vas a tener que dejarte para siempre aquí, a cambio de que te permitan marchar?

Thursday, September 5, 2024

La Ciudad de la Violencia (XIV)

                    La ciudad de los espejos

¿Quiénes somos? ¿Quién habita este lugar? No lo sé. Demasiados espejos. No somos más que reflejos. Cegadores. Cóncavos. Alargados. Convexos. Achatados. Fragmentados; especialmente esto. Los espejos están ahí para que no podamos vernos los unos a los otros. Para que la imagen nos persiga y nos ciegue. Para que la luz se torne sombra. Colocaron todos estos espejos en cada calle, en cada pared y en cada fachada, y ahora los reflejos nos ahogan. Imposible esconderse, buscar un punto muerto a través del cual desaparecer. Mira. Mira. Es obsceno cerrar los ojos y no mirarse, susurran los cristales esmerilados. En algunos edificios, incluso los suelos y los techos son de cristal. Pero es un cristal duro, un material que resiste los golpes de la carne y los huesos contra su superficie, por el que la sangre forma ríos coagulados fáciles, muy fáciles de limpiar. Los suicidas ya no se lanzan desde las azoteas para huir de sí mismos, sino para adorarse hasta el paroxismo final. Los mendigos gritan a sus gemelos con grandes aspavientos y amenazas masculladas. Nadie se siente seguro cuando camina, demasiados ángulos, demasiadas refracciones, demasiados ojos. Aunque nadie parezca ser capaz de mirar más allá de sí, aunque las multitudes sean una obscenidad compacta y desvirtuada. Mira. Juzga. Señala. Carcajéate. Humilla. Ese es el objetivo. Un mundo plano. Como los espejos. Una superficie lisa. Una división constante. El todo dejó de existir. Sólo existen los reflejos. Sombras que relumbran. La oscuridad es un elixir al que sólo los ricos acceden. Dicen que en la oscuridad se puede descansar. Se puede pensar. Incluso de maneras divergentes. Pero aquí, en las calles de esta ciudad, los espejos…


Saturday, August 31, 2024

Ethos

 El fanatismo religioso y el fanatismo político son los dos ejes de pensamiento tóxico que dominan el ethos social de Hong Kong. Ambos invalidan la posibilidad de la empatía al construir discursos excluyentes de "dentro/fuera de...", y en último término potencian el egoísmo y los actos sádicos de linchamiento comunal como ritual establecido. Ambos constituyen buena parte de la esencia intratable de esta ciudad. La herencia colonial de desigualdad y arribismo, el (sin)sentido neoliberal de la existencia y la tendencia osificante de las tradiciones constituyen, básicamente, el resto de dicha esencia.

Monday, August 26, 2024

Escritores o profesores

 Se puede ser un profesor que, ocasionalmente, escribe libros. O se puede ser un escritor que da clases para llegar a fin de mes. O una cosa o la otra, pero nunca ambas a la vez. Nunca.

Wednesday, August 21, 2024

Geografías locales XVII

                                             Parques

Parques. Supuestos refugios contra la deshumanización urbanística. Sala de estar de aquel cuyo hogar no llega a los diez metros cuadrados. Arquitectura de la desigualdad, al cabo. Los jardines de las urbanizaciones de viviendas de protección social son una extensión geométrica de las relaciones entre gobernantes y gobernados. Espacios planos, incrustados, claustrofóbicos en ocasiones. Toscos asientos de granito en sus diversas variantes, tierra y piedras, poco césped -demasiado caro para gastarlo en esta parte de la ciudad-, algo de vegetación. ¿Sombras? No las merecen quienes este lugar frecuenten. Que se cuezan al sol. Así los niños crecerán endurecidos, escamados, aguantarán mejor el trabajo físico en pleno verano cuando crezcan; o puede que algún día no sobrevivan al calor extremo. Quizá mejor así; piedad inversa del aporofóbico. Algunas baldosas de goma con colores para marcar el área infantil o la zona de ejercicio de los ancianos. Démosles el lujo de extender los brazos en el parque, puesto que en sus viviendas tal gesto les es negado. Austeridad. Suciedad ocasional. Colillas. Plástico quemado. Restos de una comida donde el arroz sobrepasa a cualquier otro ingrediente. Hormigas y cucarachas. Adultos y viejos con rostros descontentos, desorientados. Niños todavía ajenos al desastre de crecer pobres. Madres desconfiadas. Alguna que otra empleada doméstica al cargo de los mayores, o buscando refugio de una condena llamada servicio. También hay divisiones entre los humildes. Qué gran contraste entre estos pequeños parques de barrio y las grandes extensiones verdes que se publicitan como atracción para el ocio en la ciudad. ¿No hay turistas aquí? ¿No? ¿Tampoco expatriados? ¿Y millonarios? Estúpido, los ricos no necesitan parques públicos. Pueden permitirse el privilegio de un asiento y un café de sabores exóticos bajo el azote violento del aire frío en plena canícula. Entonces, ¿para qué molestarse? Es más que suficiente. Ellos sabrán arreglarse. Total, están acostumbrados. No es cosa de hacerles creer que tienen derecho a lo mismo que los de arriba. Faltaría más. Realmente, el gobierno es bueno y se preocupa ya más de lo debido por sus vástagos infortunados. Y tan poco como agradecen las dádivas de los altos benefactores. Qué se habrán creído. Que se muden al otro lado, si no están contentos aquí. Maravillosa planificación. Cada distrito tiene su parque. Diapositiva cruda de un lugar y sus categorías, sus defectos, o incluso su hermosura más humilde. También de su fealdad más intrínseca e indisoluble. Vegetación selvática, amenazante si no se la trata con suficiente frecuencia. En los casos más afortunados, adornos florales prestados por un nutrido cuerpo de jardineros profesionales. Árboles de Bania con su aspecto fantasmagórico de cuento de hadas terrorífico, hogar misterioso de multitud de insectos y alimañas. Cuentan algunas viejas que dentro de estos troncos foscos y retorcidos desaparecieron niños de los que jamás se supo. Caracoles. Lagartijas. Lagartos. Serpientes. Pájaros de cola interminable. Palomas obscenamente obesas. Algún jabalí voraz, atraído por la falta de higiene. Mayormente, tráfico, incesante, a veces monstruoso en su tamaño e insistencia en rodear a aquellos que quieren santificar el pecado moderno de la improductividad. Pequeños fragmentos arrancados a la colina verdosa en la lejanía, y trasplantados a la locura urbana. Parques; ni siquiera a uno aquí le es permitido olvidarse de su condición social. Descansa. Escucha. La algarabía selvática de la megalópolis se endulza aquí lo suficiente para el oído humano. Respira. Sonríe. Y ahora, vuelve al centro comercial. 

Sunday, August 18, 2024

Bosquejos de una sociedad XV

Hala, otra ronda completada. Joder, me estoy mareando ya de tanto ir y venir. ¿Cuántos pasajeros se han subido en el último recorrido? Espero que compense, su puta vieja madre. Estoy cansado. Quiero quitarme esta carga de encima. Pagar mi deuda y terminar con esta mierda de trabajo. Mi negra suerte, quién me mandaría meterme en ese local de apuestas el marzo pasado. Y ahora, mira, aquí al volante diez, doce horas, las que te caigan, y no le hagas ni un rasguño a su vehículo, ¿eh?, ni estropees nada, que te lo sacarán en dinero, y si no, en sangre. Mecagüen los tatuajes de su vieja madre, vaya mala gente… Venga, subiendo, a ver si se completa esto rápido, y vamos con otra vuelta más. Total, sólo son dieciséis asientos, esto es un mini bus, no es un mastodonte de dos pisos de esos. Calcula bien, ¿cuánto te dijeron que necesitabas hacer hoy? Vaya consorcio de gánsteres, no sé cómo el gobierno hace la vista gorda con esto desde hace tanto tiempo, alguien tiene que estar untando a los uniformados y a los jefazos en los despachos, así, por debajo de la mesa. Cabrones todos. Y yo aquí, viejo y medio enfermo, y conduciendo como un desquiciado. Hay que darle al pedal, hay que hacer el mínimo diario de vueltas, y el mínimo de pasajeros, y luego más, claro, para ir reduciendo la deuda y sus putos intereses. Usureros. El coño de su madre. Que me rompan las piernas o me cosan a navajazos ya, joder. Es mejor morirse así, rápido, que esta agonía diaria, interminable. Mecagüen todo, ¿pero con qué sube este subnormal? La bicicleta, ¿dónde? ¿Aquí delante? ¿Estás tonto o qué? No ves que no hay espacio, que voy a dar una curva y se me va a caer encima, o se les va a ir contra los de la primera fila. La bicicleta de tu vieja madre la cargas contigo, y si quieres le pagas un asiento, joder, como si fuera tu novia. Joder, lo que hay que ver. Venga, ya casi estamos. Mierda, quiero ir al baño a mear, pero no sé si podré. Siempre lo mismo. Tendré que buscar un baño público por ahí en la ruta junto al que pueda aparcar un minuto y hacerlo ahí, y al que proteste que se joda, que pague un taxi. Aquí me bajo ahora y me dicen de todo. Ese cabrón del encargado, viejo asqueroso. Sentado ahí en su taburete todo el día, junto a la parada, mucha sonrisa y mucha mierda, pero intenta tomarte un respiro y ya verás como salta. Bueno, ya estamos, ¿no, jefe? Casi lleno. Sí, eso pensaba yo. Arrancamos. Ahí vamos otra vez. Que los cielos me guarden. Con cuidado. Por aquí se ponen a cruzar siempre por el medio de la carretera, algunos cargando sus bolsas y sacos llenos de vete a saber qué. Su vieja madre. Si espachurro a una de estas cucarachas de dos patas me jodieron la vida: unos me mandan a la cárcel, y otros al infierno cuando salga. Y la deuda ahí, creciendo, mientras me pudro en el talego. Vida miserable. Anda, vamos a poner la radio, un poco de música para animarse. Mira, los semáforos en verde, dale cera, que no te tengas que parar en el puto medio, un poco de suerte y los pasamos todos de una tacada. ¿Qué chilla la mujer esa? ¿Que frene, que no se ha puesto el cinturón todavía? Pues espabila, gallina loca, que esto no es una limusina, ostia. Calladitos por ahí atrás, que me mareáis entre todos. A ver, ¿alguien tiene parada junto a la estación? No, pues seguimos, no me hagáis frenar luego, joder. Ni me pidáis que pare en el medio de ninguna parte, porque luego las multas las pago yo todas, y es mi puta ruina. Por vuestra culpa. Por culpa de todos. Por mi mala fortuna; los cielos me llueven mierda y no tengo paraguas. Ahora tenemos una buena recta sin paradas. Aceleramos. ¡Joder, subnormal! Puto mico taxista, ¿por qué te me metes cuando estoy acelerando, quieres que nos matemos todos? Joder, abuelo, jubílate, deja de conducir y vete a jugar a las damas chinas en un parque. Eso o muérete. Pero no me jodas la vida a mí. Siempre igual. Gritos por aquí, que si no has hecho suficiente caja hoy, que si te toca hacer una vuelta más, que si has tardado demasiado en esta tanda, que si hay un rallón en un lado… Y luego todos los subnormales cruzándosete por la carretera, cambiando de carril sin señalizarlo, puteándote porque les sale de ahí. Y las cotorras desplumadas ahí detrás que no callan, despotricando y hablando mal de todos, y luego insultándote porque giraste brusco, o diste un frenazo y se les calló el peluquín. Viejas putas. O los que dejan a los niños sueltos, y si les pasa algo te dicen que te van a llevar a juicio y sacarte todos los cuartos. Subnormales profundos. ¿Qué cuartos? Si no tengo ni para una cerveza con la cena de hoy. Joder. Todos pidiendo. Todos quejándose. Todos presionando. Su vieja madre. Anda, levanta un poco el pie del acelerador. Se han quedado en silencio por ahí atrás. Acojonados, ¿eh? Así me gusta. Tranquilitos. Suaves. Y me decís claramente dónde os bajáis con tiempo. O si no os jodéis y esperáis a la siguiente parada. Ya está bien de joderme la vida. Esa noche andaba bebido, no controlaba el juego, y ahora meses y meses pagándolo. No hay derecho. Un coche de maderos. Cabrones, pasad de largo, dejadme en paz, que ya tengo bastante. Qué cansado estoy hoy. Cuando llegue a casa… Esa es otra, el casero y su mierda de que tiene que subirme el alquiler. Por ese cuchitril de mis… Gente perra. Todos jodiéndome. Y yo reventado seis días a la semana, siete si tienes mala suerte, y la situación que no mejora. Los cielos no quieren abrirse. ¿Me habrán echado algún mal de ojo? Puñetero destino. Debería ir al templo a pedir ayuda. Unos inciensos y una ofrenda, y que el viento se lleve ya la mala fortuna. Eso es. Ya he sudado bastante, ya cumplí. Dejadme morirme tranquilo. Mierda. Atasco. Espera, por este carril. Vamos, no te quedes atrapado. Gastar gasolina y no hacer caja. Ya está bien. Todo contra mí. No te metas, puerco, es mi carril. Si te metes me paras y me jodes. Bueno, parece que era sólo la entrada al distrito. Vamos mejor ahora. Concéntrate, vienen tres semáforos seguidos. Hay que pasar este tramo rápido. ¿Alguien tiene parada? Nadie contesta. Mejor. Venga, uno pasado, siguiente semáforo. Tú puedes. Hoy voy a terminar a tiempo. Ya está bien. Odio este cacharro horrendo, odio a sus dueños, ostia puta…Venga, ya está. ¿Qué gritáis? No puedo ver, ¿por qué está todo borroso? Joder, voy a mearme encima. No aguanto más. Estoy mareado. ¿Hemos pasado ya el último semáforo? Creo que sí. ¡No! ¡Joder!...