Friday, June 30, 2023

Geografías locales III

                                Wah Fu Estate

Granito, amarillo ensuciado, un sol inmisericorde o lluvia persistente. Los decorados de la tristeza industrial. Aceras estrechas y súbitos cuadrados vacíos, desangelados, anunciando la llegada a los espacios comerciales. No hay nada que reluzca aquí. El lujo discurre a poca distancia, y aun así ajeno, en la carretera superior donde comienzan las colinas, y en la línea costera transformada en fortalezas modernas; territorios prohibidos a los habitantes de Wah Fu Estate, excepto para las tareas domésticas.

Ejércitos desordenados de ancianos. Desempleados u obreros ocasionales. Recorridos sin destino, circulares, dentro de este terrario de desesperanza. Miradas turbias para quien entra sin la invitación perenne de la pobreza y la humillación. ¿Qué haces aquí, gwailo de mierda? ¿Te has bajado en la parada de autobús equivocada? Lárgate, nada de lo que se vende aquí es de tu incumbencia o agrado. Las torres como anuncio uniforme de las limitaciones de varias generaciones. Amarillo ensuciado. La industria un poco más allá, junto a la costa, y el resto son carreteras intransitables para el pie humano, donde morir atropellado por la riqueza y la arrogancia sin testigos que denuncien. Móntate en uno de los autobuses o de los mini-buses que pasan ocasionalmente y no vuelvas. Este no es un lugar para hacer fotos, no es un lugar para descubrir las supuestas delicias de la cultura local. No es nada. Es un espejismo. Es lo que le sobró a la opulencia y no supo dónde poner para no tener que verlo. Es lo más humano y estremecedor en kilómetros, posiblemente. Ejércitos de ancianos y desempleados, camisetas blancas de tirantes con lamparones, viejos trajes ajados de mandarín. Márchate, este lugar no existe. No es el mundo que has venido a conocer. 


Geografías locales II

                                                   Wan Chai:


Escaleras de piedra y barandillas metálicas. Recodos. Ventanas de miniatura, herrumbrosas, breves ojeadas a miserias asimiladas por las décadas. Pobreza y lujo de diseño. Hoteles estilizados para gente joven, alta y limpia, similar a su hábitat, y viceversa. Y esos ancianos cada vez más escasos, más postales de una vida que se esfuma mientras los demás miran hacia las luces de neón. Callejuelas y verticalidad. Ruido de globalización que lo devora y gentrifica todo mientras la frustración local se limita a golpear zapatillas contra fotos en una mala imitación de rituales ancestrales. Cuando las oficinas, las tiendas de cerámicas y mobiliario y los consulados casi secretos cierran, la noche se expande entre risas pagadas y alcoholes cárdenos. Es un submundo que ha dormido bajo el sol para satisfacer las ansias hedonistas de los que pagan las facturas y dan las órdenes. Olores femeninos expresados en tagalo, en indonesio, en un dialecto que no es mandarín, aunque nuestra ignorancia así lo crea. Y en casi cualquier idioma que estemos dispuestos a retribuir. Las transacciones del día y las de la noche… tan diferentes y similares a la vez. Un breve escalofrío que se pierde en una sonrisa etílica. Ella necesita el dinero para enviárselo a la familia. Por supuesto que es una buena chica. Todos sabemos quiénes somos la parte maligna aquí. Tanto en el día como en la noche. Tan diferente y tan similar. Amanecerá entre cristales rotos y líquidos indeterminados flotando hacia el olvido de las alcantarillas, y los ancianos que limpian los rastros de mala conciencia de los pudientes noctívagos permitirán la reproducción del ciclo.


Tuesday, June 6, 2023

La ceguera neoliberal

Mirar a la superficie y no ver, o no querer ver, nada más allá. La ceguera neoliberal. Acelerar los movimientos para que no haya tiempo para la reflexión. Multiplicar las imágenes para que el peso de los números aplaste al corazón. Odiar la profundidad y adorar la productividad. No existe la palabra “consecuencia”; sólo la expresión “expediente cerrado”. No se mira a los ojos, no se mira a la cara, sólo se mira al documento, a la pantalla. Simplificar es una virtud, ahondar un vicio obsoleto. Mantener el ruido cuando la autoridad hable y promover el silencio como signo de buena educación entre los acusados. Calcular, no reflexionar. Especular en todo caso, siquiera brevemente. Entropía para pisotear a la empatía. Mirar a la superficie y no ver nada más allá. La ceguera neoliberal.