Thursday, May 23, 2024

La Ciudad de la Violencia (XI)

 Y entonces la gente dejó de leer, dejó de escribir, y la demencia comenzó a convertirse en un mal endémico, una epidemia; incluso entre los jóvenes. Los colores subyugantes y los sonidos estridentes se sucedían mientras las sociedades se pudrían vivas.

Wednesday, May 8, 2024

La Ciudad de la Violencia (X)

 El profeta harapiento se subió a una pila de cajas, abrió el libro rugoso de tapas negras, y comenzó su sermón inverso entre los indolentes paseantes sin rumbo de la destartalada plaza, desempleados, viejos, quincalleros, gente arisca y descuidada: "Y el Demonio vino a esta tierra para alabarla y tomar posesión de cuanto en ella hubiera. Y todo lo que aquí se irguiera sería para adorarle. Y todo el sudor y la sangre vertidos serían para saciarle. Y los hijos de los hijos de los hijos de los habitantes del lugar le tributarían sus deudas, y así sus descendientes hasta el fin de los tiempos...". Dictum est. Mirad a vuestro alrededor y escuchad la historia de las piedras y los canales, recordad de dónde viene vuestra tristeza... ¿Acaso alguien escuchó al profeta esa mañana húmeda y pegajosa? ¿O estaban ya todos habituados a tomarle por loco?

Sunday, May 5, 2024

Geografías locales XVI

Austin. Alrededor de la bahía.

¿Modernidad? Supongo que esto es la modernidad. Esto es el progreso. Grúas gigantescas. Hierro. Cemento. Cristal opaco desafiando a la luz solar, transformándola en sombras. Torres. Muchas torres. Rodeándote. Con formas diversas, con huecos en el medio, amazacotadas, separadas, estilizadas, inabarcables. La geometría rectangular y aplastante de los rascacielos se reproduce empequeñecida en unos amagos de jardín que interconectan las construcciones. La amenaza de una futura herrumbre, de la electrocución, de esos paneles descomunales lloviendo desde alturas obscenas, el espectro de los obreros muertos vagando furiosos bajo estas sombras amenazantes…Un puente que asemeja una oruga metálica enlaza varios lugares. Por sus tripas pululan diminutos humanos. Siéntete pequeño, insignificante, insecto en el enjambre; es una sensación buscada de forma consciente por los arquitectos. Ellos, desde luego, no vivirán aquí. Lo importante es la fascinación de la arquitectura: figuras robóticas, piernas infinitas del monstruo, bloques en conjunción imposible más allá del piso treinta; y esos huecos en mitad de algunas torres, para que circule el aire viciado de ese dragón milenario en el que todos creen pero que nadie ha llegado a ver, supersticiones de ricos tanto o más irracionales que sus criados. Entre tantos colores oscuros, un grupo de edificios refulge gracias al esmalte dorado de su fachada. Es necesario recordarlo: aquí fluye el dinero. Y por eso lo llamamos progreso. Quizá sólo por eso.

Thursday, May 2, 2024

La Bestialidad

 La vida es una lucha constante contra la Bestialidad: la bestialidad del Tiempo y sus desgastes; la bestialidad del sufrimiento innecesario y la frustración que de él emana; la bestialidad del egoísmo, de la cobardía, de la necedad; la bestialidad del Mal como modelo social. Es una lucha sin remedio perdida y, sin embargo, ineludible, necesaria, trascendente. Es lo que dignifica al ser humano.

Tuesday, April 30, 2024

La Ciudad de la Violencia (IX)

- Señor, hoy ha vuelto ese individuo, malencarado y sucio, con sus quejas y peticiones. ¿Debo contestarle?

- En principio, no. Ignórale. Es una señal de debilidad escuchar al débil.

- Pero yo me pregunto si no habrá algún eco, un mínimo resquicio de verdad en lo que dice en su demanda, señor. Está pidiendo que se le explique lo que le sucedió a su familia, nada más…

- ¿Nada más? Idiota. Siempre hay algo más. Siempre hay un ejercicio de mala fe en cuestionar los procedimientos de la Ley y sus resultados. Esa gente debería estar agradecida de que no les metamos a todos en una celda y les dejemos pudrirse ahí. Sería un bien para la sociedad, ¿no crees tú, muchacho?

- Sí, señor, pero…

- Veo dudas en ti. No durarás mucho en este cuerpo gubernamental si tienes tanta zozobra dentro. Deja de preguntarte dónde está o deja de estar lo moral y te sentirás más fuerte. Serás más eficiente. Y eso es lo que importa: la eficiencia. Para eso estamos aquí.

- Sí, señor.

- Además, nosotros somos tu familia. No somos un trabajo, somos mucho más que eso. ¿Escupirías tú a la cara de tu familia? ¿Pondrías en duda la integridad de los tuyos? No lo harías. Entonces, ¿por qué lo haces con nosotros? ¿En qué nos diferenciamos?

- Quizá en algún momento hubo un exceso de…no sé, celo, podríamos decir. Es lógico que ese pobre diablo se sienta desasosegado. Son varios meses ya sin saber de su esposa y sus hijos. Y yo he intentado buscarles en nuestros registros, pero algo falla, porque no aparecen, es como si…

- ¡Desgraciado! ¿Qué les has buscado en nuestros registros? Eso es una falta grave por tu parte. Los informes son suficientes. Los registros son inescrutables. Lo que hay es lo hay, y lo que no está no existe. No debe existir. Los procedimientos son infalibles. Son nuestra gimnasia diaria. Si los abandonamos, si los mancillamos, seremos derrotados por el caos. ¿Qué son ellos, los que protestan ahí fuera, muchacho?

- Son…gente descontenta, gente que…

- Son el caos. No hay más orden posible que el nuestro. Por tanto, ellos son el caos. Recuerda esto si quieres seguir perteneciendo a esta familia y disfrutando de sus privilegios.

- ¿No sería posible que se hubiera cometido…que esa mujer y esos niños estén…?

- No seas tan estúpido como para verbalizarlo. Lo que no se dice, no se registra. Lo que no se registra, no existe. Y no, no es posible. Aún cuando la pestilencia que emana de las mazmorras de los bajos de este edificio te hiera el olfato y te haga llorar sin que sepas por qué, no es posible. Los que dicen que esos olores son cadáveres, son extremidades desmembradas, solo se buscan su ruina. Son sólo los restos de los banquetes de los altos cargos. Son las letrinas de los poderosos. Nada más. Nunca podrán ser nada más. No seas estúpido o te enviaré a conocer esos pisos bajos, muchacho. No arruines tu vida. Eso es lo importante. No los demás. Tú, y nosotros. No ellos.

- Sí, señor.

- Ahora, ¿qué vas a hacer con esa queja y esa solicitud de revisión del caso?

- Enviarla a los tribunales de conducta, señor. Es sospechosa de falta de respeto a la autoridad y de actos antipatrióticos.

- Bien, muchacho, veo que vas a ser un buen hijo de este gobierno. De cualquier gobierno. Necesitamos gente como tú. Buenos ciudadanos. Positivos. No escoria mal vestida y retorcida. Nosotros somos la línea recta. No ellos. No dejes que te confundan con sus palabras ladinas. Nosotros somos tu familia. Ábrete a nosotros y sé parte. No te hundas en el fango de los perdedores. Disciplina y entereza, muchacho. Recuérdalo.

- Sí, señor. Gracias por su tiempo y sus consejos, señor. Es mi buena fortuna tenerle como maestro en estas lides.

- Bien, hijo, bien. Así debe ser…


Thursday, April 18, 2024

Geografías locales XV

                El templo de los diez mil budas

Escondido tras varias moles de acero y cristal, burocracia y consumismo, apenas señalizado, como si buscarlo fuera una excentricidad de viejos supersticiosos y turistas aburridos de pasear por centros comerciales. Colina estrecha y de maleza agobiante (aquí los dioses se cobraron la vida de la guardiana no hace mucho), entrada sucia y mal atendida. Y, sin embargo, ahí están: sonrientes, falsamente solemnes, indescifrables. Las curvas no permiten visualizar el recorrido completo. Los insectos y el bambú creciendo a los lados completan el contraste, el exotismo. Desconfianza. ¿Realmente es algo serio? ¿Realmente la vida lo es? Cada rostro es diferente, varían las posiciones, las caras te ignoran o te interpelan. Sube. Gira en la curva. Ahora hay escalones de piedra. ¿Ves mejor la hilera? No interpretes. Movimiento. Sé parte. Asciende. El sudor. Estar vivo. ¿Lo están ellos? ¿Alguien lo está en esta ciudad? Míralos. Se burlan de tu esfuerzo. O quizá te dan la bienvenida. ¿Son sinceros? Sus códigos son impenetrables para alguien como tú. ¿Falta de conocimiento, distancia cultural? Los signos te avisan: falsos monjes pululan por la zona pidiendo limosna. Evítalos. ¿Sientes vergüenza por ellos o por ti? A medio camino, objetos inverosímiles. Una bicicleta estática, ¿abandonada o puesta a propósito? Un triciclo a motor, ¿cómo habrá subido hasta aquí? Sigue subiendo. Un poco más arriba venden tofu azucarado en sopa de jengibre o refrescos. Era de esperar. Continua. Mira la ciudad, aparentemente lejos, al otro lado de la colina, la autopista y los rascacielos residenciales. Enmarcado entre estos cuerpos dorados y atemporales, el ahora se difumina, pero no sabes si es trampantojo o necesidad. Más escalones, más giros. Ellos siguen absortos en sus técnicas de meditación, de escapismo quizás. A medida que nos acercamos a la puerta de entrada, aumentan las poses obscenas y ridículas. Esta no es una experiencia trascendente. Nada lo es. Todo lo es. Bienvenido. Flores rosas y budas gordos en un fondo rojo. Imágenes de diosas asiáticas que podrían ser adoradas a miles de kilómetros por personas más oscuras. Es una hermandad ajena al Occidente. Quizá quiera serlo intencionalmente. Colinas. Montañas. No hay aire acondicionado aquí. Tampoco tiendas de muebles europeos, esas quedaron más abajo. Las imágenes parecen ahora más solemnes. Las cajas de donaciones se multiplican. Unas escaleras más alejadas llevan a otro pabellón, rodeado de viejas construcciones en ruinas, piedra cubierta de musgo. La torre en la esquina es diferente. Rectángulo de pequeños guerreros de piedra gris, todos amenazantes, violentos. ¿Sientes la energía? No entres, no saques fotos. Márchate. No es para ti. Baja las escaleras. ¿Tienes prisa? Los budas se burlan de ti como despedida. Fila dorada de vuelta a lo moderno, al plástico, a la inanidad. A tu mundo. ¿Qué fue esta experiencia? ¿Broma o trascendencia? ¿Cómo estar seguro? Al pasar junto a las oficinas gubernamentales reparas ahora en la puerta con un gran arco chino de piedra en la esquina de la calle. Gente local entra allí con gesto adusto, flores y construcciones de papel. La ceniza flota en el ambiente. No entres a tomar fotos, turista idiota. Respeta los cementerios. No hay budas burlones aquí. ¿Te sientes mareado por esta concentración de credos, costumbres y actitudes? Entra en el centro comercial. Siéntate y come un helado. Vuelve a tu país. Antes de que los fantasmas de estas colinas se rían de ti. Antes de que los budas dorados cierren la fila y te atrapen para siempre. ¿Quién es el burlado ahora?


Sunday, April 14, 2024

La Ciudad de la Violencia (VIII)

                                          El manicomio

¿Ves ese edificio de ahí, hija mía? Sí, ese gris y verde pálido, con las paredes desconchadas y ennegrecidas. ¿Sabes qué es? Un hospital, sí. Pero uno muy especial. Es el hospital para los enfermos mentales. El manicomio. Allí es dónde meten a todos los que han dejado de ser productivos, o a los que amenazan la productividad. El objetivo es curarles, volver a hacerles útiles para… no sé, para los que controlan y dominan todo esto. Para los dueños. Dicen que es para proteger al resto de los ciudadanos. Como si la locura fuera un virus. Como si la gente se volviera loca por pura biología, y no porque les vuelven locos. Pero a esos, a los responsables, las malas personas, los mentirosos, los manipuladores, los que tienen el corazón negro pero saben enseñar los dientes y disimularlo, a esos no les meten nunca en el manicomio. ¿Injusto? Claro, mi amor, vivimos en una sociedad regida por leyes, no por la justicia. Tienes que permanecer lejos de este edificio, hija mía, o pensarán que tienes a alguien cercano dentro, y entonces tomarán nota de tu nombre, y te considerarán una posible candidata a ingresar, tú también. Lo llaman herencia. Lo llaman fatalidad. Mecagüen su vieja madre. La mejor medicina para que no te ingresen en el manicomio es vestir un traje caro, y hablar con la suavidad de las serpientes, a ser posible en alguna lengua extranjera, y pasar rápido por delante de la entrada en un coche reluciente; para que no se atrevan a acercarse a ti. ¿Qué si alguno de los que entran allí ha logrado salir? Mira, en el manicomio no se muere casi nadie, al menos no oficialmente, y sin embargo es el más triste de todos los hospitales. Sobre todo porque hay gente a la que intentan convencer de que está enferma, muy enferma, pese a que lo único que han hecho es ser más sinceros que los otros y decir verdades que son como un perro asalvajado, que muerde sin considerar a quién ni cuándo. ¿Violentos? ¿Que qué hacen detrás de esas paredes, exactamente? No lo sé, hija mía, yo prefiero no decirlo, tengo nubes blancas cuando intento recordar… de ese blanco que es como una aguja afilada y muy larga, y lenta, muy lenta. Creo que hacen buenos ciudadanos, ahí dentro. Eso dicen. Mira, acércate, chiquita. Voy a contarte un secreto: creo que un día, hace mucho tiempo, los locos, pero estos de verdad, los realmente peligrosos, ¿eh?, se rebelaron y capturaron a todos los doctores y enfermeras, y se pusieron sus ropas, y desde entonces son los administradores del manicomio. Los amos de la ciudad no se enteraron, claro, porque nunca vienen por lugares tan siniestros y tan pobres como este, y además, mientras obedezcan, les da igual quién esté al cargo de la institución. Y así nos va desde entonces. No se lo cuentes a nadie, o te meterán ahí dentro. Anda, ahora corre, y vete lo más lejos que puedas de este lugar. Creo que ya vienen a por mí…