Monday, May 30, 2022

A vueltas con el sistema educativo hongkonés (y ahora como padre)

En serio, ¿realmente es posible para un niño en el actual sistema educativo de HK lograr completar todas las tareas que se le van a demandar para validarle y permitirle acceder a los estudios universitarios, sin tener que hacer los padres una inversión económica de un modo/grado u otro para “pagar” la superación de obstáculos absurdos y difícilmente justificables? Día a día, semana a semana, mes a mes, mis hijos reciben tareas y deberes para los que no se les prepara suficientemente en el colegio, y tales tareas se convierten en un medidor del “éxito” académico de los críos. Es sencillamente imposible para los chavales completar estos “obstáculos” o marcas de definición de cara a los profesores sin la ayuda de un adulto (uno que lea y escriba chino con fluidez, al menos en nuestro caso). Por tanto, aquellas familias que no puedan proporcionar, bien el capital social de poner a diario un adulto a disposición de estos chicos, bien el capital económico de contratar a tutores a lo largo de la educación de sus vástagos, quedarán casi inevitablemente excluidas de la aparente meta última del proceso educativo, la cual es aquí muy claramente el acceso a la universidad y la promesa de ascenso, o cuanto menos mantenimiento, de la escala social de la familia a través de las generaciones. El sistema educativo se presenta así como un mecanismo restringente de la movilidad entre clases, una forma de asegurar que los hijos de los pobres sólo tendrán acceso a ambientes sociales y laborales de gente pobre, no importa cuánto esfuerzo le intenten poner los pobres chavales (quienes, lógicamente, acabarán desanimados por la dificultad, o incluso imposibilidad, de completar las tareas demandadas a diario únicamente a través de su propio esfuerzo) y un nuevo elemento especulativo a través del cual absorber recursos financieros de las familias para dedicarlos a escuelas privadas (internacionales, aquí), tutores, etc. Otro lamentable rasgo ultra-neoliberal más de esta ciudad…  

Wednesday, April 13, 2022

Stories for my kids - Chapter 1

Once upon a time in a far away country under the name of Spain there was a farm in which many animals lived merrily together. Amongst them there were many pigs. The pigs were fed everyday abundantly by the humans who owned the farm. All kinds of foods and rubbish were thrown at them. All the pigs ate thoughtlessly and greedily and got fatter and fatter. Amongst them there was one pig named Pablo. He ate as much as the others, but he couldn’t help thinking that there was something fishy in all these treats and gluttony in which they were allowed to indulge. Pablo saw that other animals in the farm received far less food than they did. He wondered why. Besides, there were all those sudden disappearances of the older, fattest pigs…


One day, Pablo decided to venture inside the human quarters and look for answers to the questions that haunted him. So, taking advantage of the lack of attention from the dozing dogs and the busy humans, he entered the house and rumbled through the corridors and rooms. He hadn’t gone too far when he arrived at a horrifying place: an empty room with a high ceiling from which dozens of pig legs hanged monstrously. What a frightening view it was indeed for poor Pablo! He rushed out of the house, his heart racing and his head spinning in dizziness and panic. 

Pablo tried to convey what he had seen to the other pigs. He told them not to eat without control and get too fat or they would end up losing their legs and being hanged in the human quarters. Nobody believed him. “What should we refuse to feast on what we are offered?” they replied and mocked his anxiety. “We’re happy the way things are now, so do not tell us horror tales and ask us to give up the comfort that we have”, they told him.

Pablo understood that he was not going to change the habits of all those pigs. They even refused to go and see for themselves the room where the legs hanged. His only way to save his tail (and legs) would be to keep quiet, wait for his chance and run away from that place, alone or in company. So he waited and waited until one day he noticed that the humans had forgotten to close the entry door to the pigsty. He escaped, left the farm and disappeared under the night shadows. 

Nobody knows for sure what happened to the pig. Some people say that he escaped to the mountains and became a wild pig and might still live there. Some others say that he fell to the river. Some say that he went to the city and became a politician. Let’s just hope that his legs are not hanging in somebody’s ceiling, curing and hardening for the pleasure of those cruel humans…

Sunday, February 6, 2022

¿El cielo? (Escuchando a los Talking Heads tras la comida)

 ¿El Cielo? El Cielo es un lugar donde se trabaja de nueve a nueve y, cuando te mueres, te entierran y se acabó. Prefiero cien veces la bacanal salvaje y descontrolada de los desharrapados en el Infierno… (efectos colaterales de escuchar a los Talking Heads tras la comida)

Sunday, September 26, 2021

A proposal

 A proposal for an academic paper that badly needs to be written: “Toxic behaviours, defamation and bullying in HK working environments”. It should be easy to document and write since there are hundreds of examples to go over on a daily basis…or maybe it wouldn’t be so easy. Maybe some people would try with all their might to stop and disqualify such a kind of research for the implications and conclusions it could led to wouldn’t benefit their professional status and practices.

Sunday, September 12, 2021

De Hongkonis Natura

 Hay lugares en los que todo tiene un sentido perecedero mucho más marcado. La masificación parece contribuir a este proceso de banalización y empequeñecimiento.  Incluso el clima, con su humedad ardiente y destructora, colabora en este panegírico de la obsolescencia del esfuerzo humano. Hong Kong, epítome de la impermanencia, donde sólo lo inmaterial permanece.

Saturday, August 21, 2021

A vueltas con cuestiones de autoridad, jerarquías y toxicidades sociales

Hoy me ha dado por reflexionar sobre el papel de los supervisores y gerentes en esta ciudad, y su relación con la alta toxicidad laboral y social del lugar. En prácticamente todos mis trabajos en HK me he topado con supervisores/gerentes carentes por completo de lo que podrían considerarse “virtudes profesionales” (al menos en un sentido positivo), y con un historial de aportaciones propias a su entorno laboral prácticamente vacío. En su lugar, estos personajes tienden a parasitar el trabajo ajeno, a apropiárselo; al mismo tiempo, tienden a generar todo tipo de tareas inútiles con las que reducir o simplemente destruir la productividad de los que consideran sus subordinados. El efecto que estos supervisores generan entre sus compañeros de trabajo es el de un absoluto desinterés por proponer innovaciones o mejoras, una desidia crónica que impide cambios y mejoras. La forma muchas veces arbitraria o meramente casual en que estos personajes han accedido a su posición laboral puede ser un signo claro de cuál va a ser su comportamiento. Me pregunto hasta qué punto cierto complejo de inferioridad o inseguridad pueden contribuir al desarrollo de estas actitudes tóxicas. ¿Soy yo el único que ve esta repetición de maneras y procederes como un patrón repetido en el mundo laboral de HK? Espero que no. Y si esto es un patrón, y no una mera acumulación de casualidades, ¿dónde tiene su origen, es algo socialmente alimentado y alentado? Yo diría que sí. Diría que un hecho como este nos dice mucho sobre los pilares y fundamentos de una determinada sociedad, sus valores y creencias más arraigados, no siempre para bien.

Wednesday, June 30, 2021

Autobiografía laboral hongkonoide (2022)

Vamos a hacer un poco de escritura terapéutica, para espantar demonios; y que nadie se tire de los pelos, que esto es el mundo laboral, en unas partes más, en otras menos, pero no es tan extraño que pasen estas cosas, por desgracia: hace unos días, una persona a la que tengo aprecio me envió un mensaje larguísimo, en plan pataleta y revancha porque he presentado una querella judicial contra su empresa, poniendo en duda mi catadura moral y mi calidad humana, bajo la excusa de que algunas otras personas / grupos de personas en esta ciudad se han dedicado repetidamente a hablar mal de mí (siempre a mis espaldas, luego es un ejercicio muy claro de difamación), cuando no insultarme profesional y personalmente. A ver si es que alguno de esos difamadores iba a tener razón al final, siquiera de rebote…


Me sorprende todavía este tipo de actitudes irracionales, linchamientos de rebaño, o puro oportunismo / revanchismo. Por eso, en un afán de ser objetivo y racional con mis actitudes profesionales, siempre intento evaluar lo que ha sucedido y el conjunto de relaciones y reacciones que llevan a determinadas actitudes. Y si vuelvo la vista atrás me encuentro con que:

1) En mi primer trabajo en Hong Kong me encontré como becario en un pseudo-departamento universitario en el que la coordinadora de mi sección, de manera habitual y como si fuera lo más natural, gritaba, insultaba (“hijo de puta”, “te voy a dar dos hostias”,…), mentía sobre las atribuciones laborales de cada uno y su papel en el proceso de extensión de contratos ("tú no trabajas para esta institución, tú trabajas para mí",...) y generaba una atmósfera laboral muy insana y retorcida. Para mi sorpresa, otros trabajadores de mi sección aceptaban esa forma de trabajo como natural e inevitable, llegando incluso a odiarme o descalificarme por no compartir su opinión y comportamiento (una frase que nunca se me olvidará, de otra becaria de 28 años en mi mismo puesto: “Eduardo, no es nada personal, es que aquí va a salir un solo puesto fijo y somos dos becarios, y como comprenderás yo estoy dispuesta a bajarme los pantalones todo lo que haga falta”). Una vez terminados los tres años de mi beca, salí de esa universidad, y me consta que desde entonces dicha coordinadora y su círculo de personas afines han hecho todo lo posible por difamarme profesionalmente y obstaculizar mi vida laboral en esta ciudad. Por aquel entonces lo atribuí a mala suerte…

2) De ahí pasé a un breve periodo de trabajos a tiempo parcial, donde trabajé para otra universidad, en cuyo departamento de español el coordinador resultó ser una fotocopia en masculino de la coordinadora de mi primera universidad en HK. Pese al alivio de no tener que tratarle a diario, tengo que decir que acabé harto de sus amenazas más o menos veladas y sus salidas de tono. Por cierto, a este individuo le echaron del trabajo, aunque no tengo nada claras todavía las circunstancias o razones. Los sociópatas también sangran, aunque sea poco usual por estas latitudes…

3) Trabajé después de coordinador académico en una academia, y tengo que decir que estos fueron años mayormente agradables, al menos comparativamente, y quizá no supe apreciar las ventajas de mi posición en aquel momento. El mayor problema en este trabajo fue la falta de interés profesional del dueño, quien contrataba a los profesores por razones oscuras, aleatorias y/o irracionales, y se empeñaba en que yo iba a enseñarles la profesión, prepararles las clases si fuera necesario, y hacer de ellos profesores de ELE de los pies a la cabeza… independientemente del perfil profesional y la actitud de esos individuos contratados. Conocí aquí a lo que podría denominar “el arquetipo del gwailo juerguista y caradura de HK”, unos simpáticos y otros más tenebrosos y violentos, estereotipo ciertamente frecuente en la ciudad. Esto, unido a cierta obsesión por mi parte de demostrar enconadamente mi valía profesional (¿a quién, les va a importar acaso?, puedo decir ahora), me llevó con el paso de los meses a una importante decepción profesional, a un hartazgo general con la gente aquí, y a una serie de eventos familiares y personales que me decidieron a dimitir y largarme a un sitio menos rallante. Tal decisión fue recibida con estupor e insultos por parte del dueño de la academia, por cierto. Una lástima.

4) Tras un periodo de desintoxicación de HK, y ya casado, volví, lleno de dudas existenciales y profesionales, a la ciudad, a un trabajo en otra universidad. Aquí, un par de secretarias y los coordinadores (alemanes) de mi sección no paraban de repetir que ese departamento era una gran familia, que teníamos la “obligación” (no entendía qué querían decir en ese momento) de llevarnos bien, y que no les gustaba la gente que “daba problemas” (a mí tampoco, mira tú…). Todo esto generaba cierta ansiedad, la cual se unía a la incertidumbre de no existir unos criterios claros de evaluación profesional para tratar las renovaciones. En resumen, cierta atmósfera tóxica envolvía las relaciones laborales allí, y eso tenía que estallar en tormenta tarde o temprano. En mi caso, llegó cuando una compañera confesó en una comida con otro profesor y conmigo estar siendo objeto de bullying repetido por parte de los dos coordinadores alemanes (sus compañeros directos de trabajo), hasta tal punto que estaba teniendo cuadros de angustia y estrés y necesitaba visitar a un psicólogo regularmente. El bullying llegó al punto de que tuve a esta profesora varias veces “refugiándose” en mi despacho, huyendo de sus “compañeros”, llegando incluso a llorar en alguna ocasión. Puesto que el interfecto que ejercía de coordinador me había amenazado y gritado al teléfono en una ocasión, y en persona en otra (actitud que abandonó rápidamente al invitarle yo con amabilidad a salir a la calle a que me siguiera hablando en el mismo tono, si le parecía…), consideré, pipiolo yo, que era mi obligación moral informar de estos sucesos a la Directora del Departamento y apoyar la denuncia de la profesora víctima de maltrato psicológico. Y ahí se montó el lío pardo: en vez de apoyo, recibí reproches y execraciones de la Directora de Departamento, se me hicieron reuniones en las que se me acusó de inventarme hechos y de generar mala atmósfera laboral en el Departamento, se insistió a otros miembros de mi sección para que presentaran quejas contra mí (lo cual parece ser que alguna persona hizo, incluso diría que con aparente gusto), se intentó tapar todo el caso de bullying y desviar la atención, y a mí se me puso fuera del Departamento en seis meses. Mi queja a la oficina de personal, por cierto, fue también mal recibida, apenas escuchada, y sólo cuando una débil intercesión del PTU (el sindicato local de profesores) y mi insistencia en que la profesora acosada laboralmente (quien dejó el trabajo incluso antes que yo, incapaz de aguantar a sus “compañeros”) lo forzó, en esa universidad  decidieron solventar el marrón rebajando a la Directora a un puesto inferior, sin responsabilidades administrativas, echando a la calle al responsable directo del bullying (aunque un par de años más tarde parece que le recontrataron en un puesto similar, lo que hace tener amigos influyentes, oye…), y poniendo al cargo del Departamento a otras personas. Pero a los tres profesores que, de un modo u otro, se nos sacó, o salimos de allí, a causa de la mala sangre de sus administradores, ni una compensación, no nos fuéramos a pensar que la razón estaba de nuestro lado…Desgraciadamente, uno de los coordinadores alemanes (una mujer que, con el tiempo, he podido identificar  en todos los manuales al uso de cómo descubrir a un psicópata) y una de las secretarias senior, miembros activos del proceso de difamación contra mí y del encubrimiento del bullying de mi compañera, quedaron en el departamento, y junto con la actitud, entre lo descarada y cínicamente trepa y lo sádico, de un par de personas de la sección de español, han hecho, nuevamente, todo lo posible por difamarme y por obstaculizar mi vida laboral en esta ciudad. Hala, una más en la cara…

5) De aquí pasé, sin solución de continuidad, a una academia donde he estado razonablemente bien, pese al pringue continuado del trabajo, durante más de siete años. Hasta que una disputa interna entre los dos dueños acabó con el dueño chino comunicándome en mi último día de contrato, y contradiciendo a su socio español, que no se me iba a renovar porque “iba a cerrar la empresa en abril o mayo” (mentira, me echaba, como confesó más adelante, para joder a su socio, criaturas…). No sólo eso, todo tipo de putadas (cheques falsos, citas a las que no acudía durante horas y horas, mentiras y manipulaciones respecto a pagos debidos, engaños a mis ex alumnos sobre las razones de mi marcha…)  coronaron mi salida. Gloria bendita de experiencia laboral en Hong Kong, oye. Creo que tengo derecho a querellarme y exigir una serie de pagos que entiendo se me deben.

Y ahora, volviendo al inicio del mensaje, vuelvo a recibir una retahíla de reproches e insinuaciones turbias sobre mi calidad humana y profesional. Debo decir que todas estas “lindezas” que se me han dedicado repetidamente por parte de individuos / grupúsculos, han sido proferidas siempre a mis espaldas, amparadas en la confidencialidad del proceso de obtención de referencias en un trabajo (nunca he entendido esto, es una mera invitación a mentir y difamar sin temer consecuencias), y por parte de gente que tienen un largo historial de conflictos y problemas con otros compañeros de trabajo, luego nadie puede decir que el origen del problema sea individual, al menos por mi parte. Así que tengo mi conciencia, personal y profesional, más que tranquila, y duermo muy bien por las noches. Pero, claro, buscar trabajo, y tener que andar justificándose continuamente, con frecuencia frente a personas tóxicas que son el origen del problema laboral, es algo cansino, muyyy cansino. Vamos, pareciera que tuviera que pedir perdón por existir y seguir respirando a esta turbamulta de personajes tóxicos…

Por todo esto, y por mucho más que podría añadir, puedo decir alto y claro, justificadamente, con la cabeza bien erguida y tono limpio: “¡Anda y que os den a todos los trepas, lameculos y psicópatas de esta ciudad bien por el…”

XD…alivio, oye…

En Hong Kong, a 30 de junio de 2021