¿Les oigo acercarse ya? Puede ocurrir, en cualquier momento. Supongo que debería estar preparado, pero, ¿cómo prepararse para algo así? No soy un animal inconsciente de su destino. Ojalá lo fuera. Es sólo cuestión de tiempo. No hay ninguna posibilidad de escape. Y sin embargo... Todos lo saben ya. Estoy marcado. Apestado. Ya no puedo volver a ser como ellos. Jamás. Por mucho que lo quisiera. Y no lo quiero. ¿Por qué se me acercó la directora hoy? No quería que contestara a sus preguntas irrelevantes e inconsecuentes. Eso está claro. Buscaba algo diferente. Atraparme en un renuncio, en una incoherencia. Constatar que, efectivamente, soy lo que dicen que soy. Para usarme como ejemplo aleccionador luego frente a toda la plantilla. ¿Ven lo que les pasa a este tipo de gente? No quieran ser como ellos. Ni lo intenten. En el barrio también lo saben. Estoy seguro. En la tienda. Nadie me mira a los ojos ya al hacer la compra. Ni una palabra amable. Y los guardias de seguridad en la organización. ¿Desde cuándo me espían? Seguro que se lo han ordenado. O quizá lo hagan por mero placer sádico. Venganza, por no haberles tratado con suficiente consideración en el pasado. ¡Ah, qué tiempos estos, en los que hasta el mayor cretino puede ejercer de inquisidor y verdugo! Claro, les aleccionan constantemente desde las pantallas, en las aplicaciones, en las noticias. ¿Estás seguro de que tu vecino no es tu enemigo? ¿No te parece demasiado diferente? ¿Has probado a indagar cuántas consignas conoce? ¿O en cuántas de nuestras actividades y competiciones ha participado recientemente? ¿En ninguna? Lo ves. Aquí está la prueba irrefutable de su culpabilidad. No merece seguir entre nosotros. No es como nosotros. No es fiable. Probablemente no es bueno. Algo tendrá de degenerado, tan esquivo y taciturno siempre. ¿Le has visto cantar alguna vez el himno oficial? Por supuesto que no. ¿Cómo podría, él? Es el candidato perfecto para la cuota mensual de traidores y desafectos. Eso no lo dirán en público. Pero todo el mundo lo acepta como verdad evidente. Mejor él que yo. A mí que me dejen en paz. Que no me toquen mis posesiones, mis derechos, mis... ¿Hasta cuándo? ¿Cuánto se podrá aguantar así? ¿No se derrumbará todo cualquier día de estos? Quién sabe... Una desgracia tapa a otra desgracia. Una herida cubre otra herida. Y mañana, el abismo. Pero para mí ya no hay mañana. Ya está. ¿Qué es lo que he oído que dicen que he hecho? Se me olvida ya. Eso tampoco importa mucho. Una vez estás señalado, el proceso y sus protocolos son imparables e incuestionables. No ser suficientemente arribista y no querer nadar con la marea es pecado suficiente. Tener principios propios, qué cosa más intolerable y peligrosa en estos días. No dar la respuesta correcta a los superiores. No reír cuando ríen todos esas bromas crueles y horribles. No ser uno de ellos. O estás con nosotros o contra nosotros. O no estarás. ¿Han llegado ya? ¿Están al otro lado de la puerta? ¿Se habrán olvidado de mí, acaso? Al fin y al cabo, no soy más que un pobre viejo inocuo. Pero no, imposible. Sólo quieren prolongar la agonía haciéndome esperar en este limbo. Paralizado. Aterrado. Aunque, quizá, si intentara...
Subscribe to:
Post Comments (Atom)

No comments:
Post a Comment