Tuesday, May 26, 2026

Un conocimiento propio

Algunos, pocos, hombres logran alcanzar un conocimiento propio. No totalizador, pero suficientemente satisfactorio en sí. Ese conocimiento justifica el hecho de estar vivo, de existir. Muy importante, no es un conocimiento heredado, sino construido trabajosamente a lo largo de los años, ladrillo a ladrillo, palabra a palabra. Es un conocimiento de apariencia insignificante para la mayoría de sus congéneres, pero fundamental y autosuficiente para su poseedor. Como tal, es intransferible. Es un fragmento de luz congelado en la eternidad, y efímero a la vez; por tanto, de naturaleza totalmente humana. No suele tener gran utilidad instrumental, más allá de ser guía vital para su creador. Es subjetivo, volátil, y difícilmente cuantificable. No es numérico, aunque en ocasiones puede hacerse un esbozo con números. Tampoco es totalmente silábico. De cualquier forma, necesita una estructura para desplegarse en el mundo. La imperfección de ese despliegue es inevitable. La transmisión de ese conocimiento es un anatema ridículo, y fácilmente derivable en obsesión dogmática. Su función es pacificar, equilibrar, en ocasiones incluso sanar daños internos. Puede ser explicativo en ocasiones, pero con las graves limitaciones de la separación entre individuos. En otras, puede ser narrativo, y serpentear juguetonamente de manera casi infinita, o cerrarse circularmente; en estos casos la forma suele imponerse al contenido, aunque tienden a hacerse indistinguibles a medida que ambos se expanden. De todas estas diferencias se derivan diferentes disciplinas, pero al poseedor del conocimiento le suelen importar muy poco esas taxonomías. Es más bien a los ladrones, representantes espurios o lánguidos sacerdotes de conocimientos ajenos a quienes la compartimentalización y usufructo irresponsable del conocimiento ajeno les interesa como apropiación egoísta de un bien que no han sabido alcanzar por méritos personales. A los dueños de un conocimiento propio se les suele ridiculizar en vida. A veces, se les asalta, detiene y agrede con venenos y castigos psicológicos profundamente sádicos. La separación del resto de la sociedad es recomendable en casi todos los lugares, puesto que el ejemplo de pensamiento propio puede perturbar el gregarismo inherente a las civilizaciones que promueven las relaciones hueras y el automatismo servil (casi todas, al cabo). Los conocimientos propios han sido motivo de linchamientos, piras humanas, empalamientos, ahorcamientos, trepanaciones, destierros, torturas médicas, despidos, otras muertes sociales, y más recientemente, burlas y acoso en el mundo virtual de las Redes Sociales. Son peligrosos para los fingidores de sabiduría, autoritarios e intolerantes. Son inquietantes para quien vive cómodo en la superficie de las cosas. Son un antídoto contra la mentira y la crueldad que contamina nuestras ciudades. Son un tesoro intransferible, el único duradero, y por ende, completamente carente de valor.

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