Friday, February 20, 2026

Shenzhen

Shenzhen, ciudad espejo, protuberancia económico-industrial que amenaza ya con fagocitar al cuerpo original. Lugar de transición entre la impenetrabilidad del viejo imperio y las avanzadillas sangrientas de la piratería occidental. Tierra de nadie, al cabo. ¿Qué significa pertenecer a Shenzhen? La identidad se construye de manera más despaciosa que los rascacielos. Pero el dinero sigue fluyendo. Eslabón inevitable en una cadena logística de doble dirección que apabulla con su volumen y potencialidad. Te constituyen multitud de rostros con decenas de fisonomías desiguales, acentos diversos, pero una única lengua que se impone calle a calle sobre las viejas tradiciones familiares. Esta es la gran China, la nueva, refulgente; la vieja bandeja de arena por fin contenida y apelmazada en un destino luminoso. Ciudad-lanzadera de sueños individuales que pueden acabar estrellados contra realidades demasiado sórdidas. Me sorprende la cantidad de policías por las calles, en el metro, todos con aire adusto, hablando un mandarín lacerante en su silabeo para los que no pertenecemos. Y esos tornos a la entrada de las urbanizaciones residenciales, vigiladas por guardias de seguridad poco dados a levantar la barrera para mostrar la cotidianeidad de su sector. Más allá del centro comercial junto a la salida de metro y de esas avenidas interminables, monótonas, enemigas del viandante, más allá de tu comunidad y tu torre, nada. Horizontalidad frente a la verticalidad abigarrada de esa hermana mayor al sur que parece haberse empequeñecido, asustada. Cómprate una moto o una bici eléctrica, o resígnate a no salir de tu distrito. Aquí y allá, separadas, muy separadas, zonas comerciales creadas con celeridad para atraer a los jóvenes y las familias, cartón piedra para sustituir a unas ruinas históricas largamente perdidas. Parques temáticos falsos que contienen el mundo para que conozcas lo ajeno sin salir de tu cultura. Grandes marcas sinificadas para intentar vender lo mismo con otro envoltorio. Todo me resulta familiar, y sin embargo me siento terriblemente confuso y ajeno en estos barrios. Aún peor, me siento observado. Lai wai. Diferente. ¿A qué has venido? Tú lugar está al otro lado, gusano endemoniado y traicionero. Aquí no se habla inglés porque ni lo queremos ni lo necesitamos. Vuélvete por donde viniste antes de que alguien se sienta demasiado indignado con tu presencia y tu ignorancia… los viejos y los desposeídos te lo recuerdan antes de escupir sonoramente al suelo que te rodea. Si la lucha de clases se ha declarado terminada hace tiempo, al fin y al cabo algún enemigo habrá que construir para depositar en él todos nuestros malos sentimientos, el rencor de no haber prosperado al mismo ritmo que la nación. Nada importante, es de suponer. El dinamismo no se detiene por estas menudencias.  Shenzhen, puerta de entrada, pero, ¿en qué dirección?

Thursday, February 12, 2026

Bailarines

 La gente que baila es peligrosa. Saben retorcerse como serpientes, y eso les hace sibilinos.

Tuesday, February 3, 2026

Disfuncionalidades sociológicas

 Una sociedad que quiere hacer de sus miembros esclavos al servicio de los ultra-ricos no puede ser otra cosa que una sociedad de psicópatas esquizofrénicos...

Friday, January 23, 2026

Alta educación

 Cuídate de los que han recibido una alta educación, pues son infinitamente más peligrosos que el resto: no son grandes valores humanistas lo que habrán aprendido. Al contrario, su lado animal se habrá afilado, los colmillos y las garras sabrán dónde hendir y desgajar a sus presas con precisión mortífera. Más al mismo tiempo, habrán perfeccionado también el arte de controlar y disfrazar los impulsos primitivos. Las capas de afeites y formulismos ocultarán siempre sus intenciones últimas. Al cabo, tanto ritual huero habrá de generar una vacuidad lacerante e inevitable. A esto han querido llamarle, con demasiada frecuencia, civilización. Pero son otros impulsos los que nos hacen más humanos. La sofisticación, como mucho, domestica…


Sunday, January 18, 2026

La Ciudad de la Violencia (XXV)

El loco corría desgañitándose por la calle, y todos huían despavoridos de su dedo acusador. Este era un loco viejo, pero de demencia reciente. Toda su vida vivió de pequeños hurtos, estafas y coacciones, hasta que un día se lo llevaron a la comisaría y tardó más de lo habitual en volver de allí. Nadie sabe lo que pasó exactamente, pero, tras su retorno, el loco había perdido el habla, miraba constantemente a los lados, con miedo y furor animal, y se apretaba contra las paredes cuando la gente pasaba cerca de él. Su higiene se hizo aún más deficiente de lo que había sido, su figura era un muñeco desmañado y nervioso, de resortes invisibles, y sus balbuceos recordaban el brillo lóbrego de la senilidad. Nadie le dio demasiada importancia. Estos no eran tiempos de preguntar a los caídos en desgracia por la fuente de su sufrimiento, mucho menos de intentar aliviarlo. Lo que el Estado rompe, los ciudadanos no deben reconstruirlo.

Pere hete aquí que un día el loco cambió su actitud por completo; y de esconderse y huir de la gente en las calles, pasó a perseguir y encañonar con su dedo negro, roñoso, a quienes le rodeaban. ¿Por qué? No hubo quién diera una respuesta clara tampoco, estos eran tiempos turbios. Lo peor fue que la policía decidió que sería una manera ejemplarizante de impartir justicia y educar en sumisión si detuvieran y castigaran a todos aquellos a los que el loco se empeñara en señalar. Al fin y al cabo, nadie hay completamente inocente, de algo serían culpables, más tarde o más temprano. Las risotadas con las que las fuerzas de seguridad ejecutaban la captura de víctimas del dedo acusador comenzaron a resonar por todas las plazas y calles de los barrios populares. Y así nació la figura del loco que señala e insulta a los que deben ser aprehendidos y castigados, terror callejero de sus conciudadanos. Pero algo distinguía a este loco tan peligroso en su sinsentido de sadismo infantil: nunca, nunca apuntaba su dedo hacía los policías. ¿Casualidad? ¿Miedo? ¿Entrenamiento adecuado? Cuando algún infeliz le increpaba y se declaraba libre de culpa, y preguntaba por qué no señalaba más bien a los agentes del orden, entonces, el loco, en ese caso, siempre reía obscenamente y escupía al suelo. Los policías solían encogerse de hombros y cargar con el nuevo reo. Parte de su buen quehacer profesional era actuar y no juzgar. Hay quien dice que el loco estaba tomando venganza sobre sus congéneres, por haberle abandonado y aislado en el pasado. Otros mencionaban su naturaleza oscura y criminal, aún antes de perder el común raciocinio.  No faltó quién especulara sobre el carácter divino del dedo llagado y primitivo del ya no tan pobre diablo. Las autoridades consideraban el asunto innecesario de aclarado, y una flagrante falta de lealtad si se negaba la capacidad de este sujeto de detectar insurrectos y quintacolumnistas. En la Ciudad de la Violencia, los locos dictaban sentencia y los prudentes la acataban con fatalidad.


Wednesday, January 14, 2026

La Ciudad de la Violencia (XXIV)

 En los despachos de la Administración Central, bajo la adusta mirada de hombres grandes y gruesos vestidos con trajes a medida, se planificaba el nuevo modelo social, uniforme y definitorio: una sociedad de legionarios. Perros asquerosos de flancos musculados, violentos pero obedientes. Animales dispuestos al sacrificio que, entretanto, se distraigan mordiéndose entre sí. En otras latitudes, cual espejos reflectores, bajo techos abovedados de colores diversos, se habría de repetir la misma escena. El Mal, sí, se ejerce con la violencia de lo súbito; pero antes se estructura, pule y repasa, de forma lenta y sádica, buscando siempre su inevitabilidad justificatoria.

Saturday, January 10, 2026

Prognosis

 El contacto próximo y continuado con los poderosos acentúa las querencias radicales y la revulsión en el revolucionario sincero. Todo otro resultado posible ha de ser señal de mero arribismo. La maldad es una irradiación tóxica que se contagia, se pega, y exige un esfuerzo moral constante para librarse de ella. Puede que ni aún así. Conocer a los que dominan es, indefectiblemente, volverse más subversivo. Todo lo demás es enfermar, pudrirse, aún cuando el cascarón exterior permanezca intacto.