Un buen número de tradiciones no son más que meras supersticiones revestidas de sentimentalismo comunitario. Las tradiciones, si no se renuevan y reconstruyen, se pudren y se derrumban sobre nuestras cabezas. Es mejor honrar las cenizas de los muertos que cargar sus cadáveres putrefactos hasta que los restos y nosotros acabemos siendo un uno indivisible y monstruoso.
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