Monday, September 28, 2026

La Ciudad de la Violencia (XXVII)

Una mañana, los habitantes de la Ciudad de la Violencia se encontraron el siguiente edicto clavado en las plazas y entradas de ministerios, comisarías, colegios, bibliotecas, gimnasios y casas de apuestas. Con un pitido estridente, los móviles resonaron con un aviso urgente que anunciaba así:

“Por orden gubernamental, se prohíbe a partir de la fecha presente toda muestra de empatía, lacra social que reblandece y confunde, así como la acción o su voluntad manifiesta de ayudar a quien demande socorro. Es necesario, para el rápido avance hacia una raza más resiliente y perfeccionada, descartar viejos vicios del alma tales como la solidaridad o la ecuanimidad. Solo la brutalidad entrenada nos hará más fuertes, como grupo, como región y como nación. Al que fomente la diferencia y sus confusiones, se le expulsará o se le enterrará a patadas. En el vestir, en el arreglo capilar y en la interacción en lugares públicos, será obligatorio seguir las normas dictadas por la autoridad competente, bajo pena de linchamiento o mutilación. Se perseguirá a los samaritanos y a los pedigüeños que no demanden con la hombría valiente y violenta de nuestra sangre. Se escupirá a los misericordiosos y se gritará con rabia a todos como saludo y advertencia simultáneos en las calles, plazas y demás vías. No se cederá el paso para evitar ejemplos de debilidad, y la sumisión sólo se tolerará entre categorías sociales pertinentemente definidas. Se permitirá y fomentará la resolución de conflictos a través de la fuerza física, siempre y cuando se respete el mobiliario público. Es bueno que un pueblo ventee sus frustraciones con ejemplaridad y eficacia. Las fuerzas del orden darán buena muestra de esta nueva convivencia tantas veces como se considere necesario. La vigilancia vecinal se organizará entre ciudadanos nombrados por su destacada labor cívica, y se les permitirá exhibir y portar trofeos de anteriores ejercicios de seguridad cuando se den situaciones de descuartizamiento o mutilaciones parciales. La buena coexistencia será la de la obediencia y la denuncia. Todo acto sedicente que impida o cuestione la libre manifestación de fervor patriótico y lealtad a los estamentos podrá ser objeto de juicio sumarísimo y castigo inmediato en el propio lugar de los hechos. Aquellos carentes de un permiso de circulación o estancia no tendrán derecho a la queja o la autodefensa; la ilegalidad es un peligro real para la estabilidad nacional, y combatirla y erradicarla debe ser prioridad colectiva. Quienes colaboren activamente en tal actividad de mantenimiento del orden público serán consecuentemente recompensados e integrados dentro de las milicias de buenos súbditos. Solo en la unidad de sangre y acción encontraremos el destino glorioso de un pueblo inmaculado de excrecencias ajenas.

Postdata: algunos barrios quedarán exentos de esta nueva normativa, y las patrullas ciudadanas necesitarán permiso previo y vigilancia de cuerpos especializados para actuar en dichas zonas. Los ataques contra aquellos que hayan comprado y porten una tarjeta de excedencia por alta membresía no serán tolerados. El objetivo de las nuevas normas es la limpieza física y moral, no el libertinaje. No queráis morder la mano de vuestro amo.”


Sunday, September 20, 2026

La puerta del monasterio en la colina (Cheung Ha)

 Esa abertura. Recuerdo obsesivo. Hueco magnético que es principio y fin en sí. Casi oculta, en la esquina derecha del patio central. Es tan fácil no saber que existe. Pero, una vez descubierta, la fascinación es insoportable. Columna superior dorada, y papeles de tinta amarilla sobre fondo rojo a los lados, cuatro caracteres recordando las bondades del corazón, o quizá advirtiendo de la cercanía del infierno a nuestro mundo. Ramajes y rocas abombadas anunciando el abandono casual. Y al otro lado, la nada, piedra escarpada y arbustos, caída al abismo de otra vida. Absurdo sin función. Quizá como nuestro existir. Un jeroglífico sencillo e imposible a la vez. Sería fácil cruzar el dintel...¿o no? La ausencia de suelo produce un vértigo demoníaco. Y eso, en la paz del templo, es inadmisible. ¿O quizá no tanto? Tras el pabellón central, las escaleras ascienden a un pequeño cementerio vertical. Si hubiera algún nexo o punto de unión, probablemente no estaría lejos de aquí. No puede ser casualidad. Cada fragmento del escaso espacio tiene una utilidad. La zona de descanso, liviana. El pabellón de la madre misericordiosa, raíz reconfortante. Las espirales colgantes de incienso, la respiración de los muertos en su ensoñación eterna. La estatua del sabio en el patio central, guardada por el inmenso árbol cuyo tronco se bifurca en dos direcciones. El tenderete de parafernalia funeraria, para que los que partieron no nos olviden, a nosotros que todavía vivimos entre brumas. El camino a los aposentos privados de las monjas celadoras, flanqueado de macetas con plantas hermosas, escondido en la parte trasera. El templo entero juega al escondite con nuestros sentidos, ya desde esas escaleras de entrada que mezclan la insignificancia y la solemnidad, y en las que un monje panzón y sonriente nos pregunta desde el suelo: "¿Para qué?". Incapaces de responder, la mayoría dejará unas cuantas monedas junto a su descascarillada figura. Ay, si supieran lo poco que le suele importar el dinero. Pero los óbolos, en todas partes, siempre los óbolos... Y ya en el interior, sorprendidos de que las casas del pueblo escondan silenciosas, cortinas cerradas, semejante estructura, encontramos esa puerta, atisbada justo cuando estábamos a punto de irnos. Su mera presencia nos ofende y angustia. Atravesarla es anatema. Es abandonar el cuerpo, traicionar las leyes de nuestra existencia. El castigo es casi inconcebible. Y sin embargo, la atracción, la tentación de hacerlo, se intensifica. ¿Será el acto en sí o su consecuencia lo que más debemos temer? Esas sombras al otro lado. Alguien tendrá que atreverse, tarde o temprano. O quizá no. Levanta la vista y observa esas torres inmensas al otro lado del río, viviendas de protección oficial, repetidas, onerosas, anti estéticas. La realidad, tu realidad, te llama. Es compacta, aplastante, demasiado grávida para alzar el vuelo. Sal del templo, vuelve a tu mundo y no quieras atisbar otros estadios de conciencia. Confórmate con la pobre simiente de ceniza que eres y serás.


Saturday, September 12, 2026

Lo que flota en el ambiente (I)

 Pero cuánto/-a arribista con alma de lameculos (y viceversa) que aterriza en/genera esta ciudad. Y qué poco necesitan para echarse flores entre ellos y escupir bilis a quienes no les siguen la corriente.  Claro, debe ser el sistema...

En el próximo capítulo, trataremos cómo acaba, a largo plazo, una buena parte de esta fauna laboral. Permanezcan honestos consigo mismos hasta entonces.