En el fondo, está necesitado de mi ternura. No lo reconoce abiertamente porque tiene miedo de exponer su debilidad. Me gusta cuidar de este animal herido. Es una pequeña bestia salvaje que ha perdido a su familia y ya no sabe relacionarse con el mundo que le rodea, salvo con gruñidos. Es su forma de llorar. Pero... ¿será verdad lo que dicen de él esas personas en la congregación? Es malo, me advierten. ¿Por qué?, pregunto yo. Porque es impío, me responden. Míralo, no es aseado en el vestir, no se preocupa por la pulcritud de su alma, no sigue los rituales. Es violento, probablemente, me dicen. No, solo es arisco, respondo yo. No pertenece a ninguna congregación porque asegura no tener pecados que limpiar, añado. ¿Lo ves?, me responden. Además es blasfemo. Tiene un aire satánico. No inspira confianza. Pero a mí sí que me la inspira. Es extraño, eso es cierto. Esa obsesión con la soledad y el espacio propio... ¿no se reflexiona mejor en grupo? Con un guía, con gente que te alienta. Él dice: no, te juzgan. Te dominan, te coartan. Hipocresía. No entiendes las relaciones sociales. Las cosas no son blanco o negro. Pero yo sí creo que hay bueno o malo, que no es necesario complicarlo todo. Si existen jerarquías es por algo. El mundo ha funcionado así desde siempre. ¿Qué mundo?, me espeta, ¿tú mundo? Y me mira de una forma que me hace sentir infinitamente distante, desasosegada, quebradiza. Estúpida, sí, me siento estúpida, porque sé que a sus ojos soy una niña inmadura en ese momento. Pero quizá él es el inmaduro por no querer nunca comprometerse con nada. El compromiso es otra cosa, me dice. Lo tuyo es obediencia ciega. Y entonces siento la punzada. Me duele. Veo frente a mí un puente que se derrumba. Sal de esa secta, me pide. Y yo acepto que la congregación tenía razón; ya lo predijeron: no es la persona adecuada para mí. Ellos siempre tienen razón. Al cabo, son mi familia. El Señor tiene un destino para mí, y él no es ese destino. Y, sin embargo, va a ser un sacrificio tan grande. Necesito fuerza. Cuánto voy a echar de menos cuando...
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