Saturday, April 4, 2026

La pulsión de cuestionar

 La pulsión de cuestionar. Tan peligroso. Primer paso hacia el abismo. Debe ser dominada. Erradicada. Busca los vehículos de control interno antes de que alguien se percate de tus zozobras personales. Los secretos se los comen las oraciones. Así. Reza, para que la semilla del mal no germine. Para que te embargue la alegría de pertenecer y las dudas se disuelvan en un mar de... Siempre igual. Remedio universal. Cerrar los ojos. Aceptar las certezas. Pero..., ¿qué certezas ya? La pulsión de cuestionar volverá más fuerte, en la soledad, en la fosquedad del fin del día. De ahí el horror a sentirse desocupado. Hacer es dominar la angustia. Enterrarla. Pero, ¿de dónde viene? ¿Dónde nació? ¿Por qué? Lo ves, otra vez las preguntas, las dudas. Tortura circular. Los dogmas solían servir para ahogar la incertidumbre. Esa es su función, ¿no es cierto? Pero ahora... ¿es ser dogmático realmente la actitud correcta en la vida? ¿Y si las llagas del dogma no son aceptables para todas las personas? ¿Es moral forzar la sumisión a la doctrina, a la autoridad, incluso, especialmente, sobre aquellos que la rechazan? Una voluntad rota por la violencia no debería santificar, salvo que se ritualice otra vez la sangre del esclavo, salvo que dejemos morir la empatía para que reine el egoísmo. Cuestionar es retirar polvo y abrillantar los vasos sagrados. Cuestionar es purificar con luz los rincones foscos. Mas, si esto es así, ¿por qué me están apedreando sin piedad alguna? ¿No me reconocéis acaso? Quizás, al cabo, cuestionar no sea otra cosa que invocar a la Muerte.

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