Sunday, April 12, 2026

Escenas intergeneracionales de escasa importancia

 -A la gente como nosotros, hijo mío, nos hacen pagar el doble por todo. Y, además, no paran de decirnos que no valemos. Siempre hay una excusa para apartarnos del reparto.

-Pero, ¿por qué hacen eso, mamá?

-Porque somos demasiado honestos. Es el castigo por negarse a ser como ellos...

-¿Y no nos iría mejor siendo como ellos, entonces?

-Ojalá pudiéramos, hijo, ojalá...

-Pero, ¿por qué no podemos? No lo entiendo.

La madre miró a su hijo con unos ojos súbitamente húmedos, mojados por la ternura y la tristeza de varias generaciones. Para qué sirve tener lengua si una preferiría no hablar -pensó ella-, al menos no a ti, no ahora, quizá nunca. Hacerse invisible y que se olviden de nosotros, que no vengan a jodernos ya más. Nunca. Todo eso debía quedar contenido y transmitido en una caricia fugaz, con la esperanza de que puede que algún día, en un futuro muy lejano, él, ya adulto y con la piel endurecida y los músculos marcados, entendiera todo y pudiera encontrar una salida indolora al laberinto de rabia e impotencia que eran sus vidas presentes.

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