¿Será el sino irremisible de algunos de nosotros el odiar la Navidad sin remedio? Su carga enervante de hipocresía, sus obligaciones sociales hueras y ritualísticas, su despilfarro desordenado y ostentoso... Tiempo de apretar los dientes (ya sea por frío, ya por rabia). Tiempo de recordar a los que nos acompañaban en el desprecio a estas fechas y ya no están. Tiempo de obsolescencia y acumulación compulsiva, comparativa. La Navidad es el gran triunfo occidental de las Tradiciones y su peso muerto. Tiempo de celebrar un respiro en la esclavitud remunerada y disfrazarse de entes cívicos y civilizados. Tiempo de empatías simuladas, con fecha de caducidad. Tiempo de recordar mentiras y aplaudir a monigotes. Para algunos, muy pocos, tiempo de escapar lejos, a lo ajeno, lo inamovible por impenetrable, lo no estacional. Aunque, ¿no serán eso acaso tradiciones también, tan solo con otro pelaje más exótico?
Saturday, December 27, 2025
Tuesday, December 23, 2025
El revolucionario y el rico
1. La Revolución no puede triunfar en lugares afluentes. El dinero es como una mala grasa que atasca las arterias de la conciencia, una piedra en el morral del animal tozudo que lucha por liberarse y vivir sin amos. La injusticia como concepto abstracto, insípido, diríase indoloro, jamás generará la intensidad y energía necesarias para alimentar de sangre y revancha, de respiración ennegrecida y necesaria, los brazos de una muchedumbre ejecutora. El dinero es un pegamento líquido que llueve desde las azoteas de los rascacielos, anónimo y lejano, sobre las cabezas de los siervos, en forma de loterías, incentivos, limosnas, para que no olvidemos que cuando los ricos se bajan la bragueta algo nos acabará cayendo. Los ricos son un Satán sonriente en un devocionario blanquísimo, reluciente, impoluto.
2. Son lo que tú quisieras que fueran tus hijos, porque si no lo quieres te harán lamentarlo. La Revolución no puede triunfar en carreteras pavimentadas ni en edificios con calefacción y televisión por cable; sólo en el barro y la maleza puede generarse la miasma pura y repugnante de la voluntad revolucionaria. ¿Y quién querría vivir en el barro y las hierbas empapadas, existiendo los climas artificiales y las pantallas de estímulos incesantes? Si no piensas, no notarás que eres pobre. Y si lo haces, es importante cambiarte el pensamiento, darte un objeto de odio, algo débil, inerme, despreciable, prescindible. El mundo está lleno de candidatos a esto. Tú podrías ser uno. Así que escoge bien, esfuérzate, sé diligente y agradecido. El dinero es para los que agachan la testuz. Eso es. El éxito es un hedor que sólo unos pocos saben transformar en perfume. Tú no, jamás sabrás. Tus antepasados no supieron. Por eso anheláis la Revolución. Por envidia. Por rencor. Por incapacidad. Por eso tengo que repetirte que la Revolución no triunfará aquí. Acéptalo y sígueme, a cierta distancia, por favor. Alguna utilidad te podremos encontrar. No hay nada más estético y entretenido que un revolucionario arrepentido y domesticado. Sin embargo, he de confesar que vuestro contacto me repugna. Vuestras maneras me ofenden. Pese a que yo no sea más educado, sino más cruel. Mucho más. Por eso voy a darte un óbolo. Para que me recuerdes y me desprecies. Para que mi voluntad te alimente. Para que dejes de hablar de Revolución y hables de cosas más útiles: unidad, patriotismo, destino… Ah, sí, de eso ya hablabas hace poco. Pero, mira, observa todas esas luces artificiales, los bares, los restaurantes, la música, el calor y la risa. ¿Crees que a alguno de esos ahí les interesa tu mierda de Revolución? Anda, vete y predica, vete y descúbreles la verdad a esa chusma que me alimenta. Pobre imbécil, primero tendrás que quitarles el dinero, y las copas y las bandejas y la droga. Te matarán, te patearán en cuanto lo intentes. Y si se lo quitas, yo les daré más, les daré cosas, más cosas, todo lo que pueda comprarse en el mundo. Y si es necesario, les compraré una Revolución a medida. Contigo crucificado en el centro, para que beban tu sangre y se sientan purificados y ennoblecidos. La Revolución no puede triunfar en lugares afluentes. Porque la inmensa mayoría no quiere ejercer de héroes cuando pueden optar a ricos. Y si no, quizá sus hijos. Idiotas. Y sin embargo…
Monday, December 8, 2025
Metro de Hong Kong
Thursday, December 4, 2025
Meapilas
En esta ciudad se confunde con demasiada frecuencia el ser bueno y el ser meapilas. Y son dos cosas que no guardan relación ninguna, necesariamente. Como confundir bondad y obediencia. Como rezar cuando se debería pensar. Mecanismos de neutralización social.
Thursday, November 6, 2025
La obsesión por el Castigo
Jamás ha habido espacio para las vidas plenas al margen; en ninguna sociedad. Son demasiado peligrosas. No hay sumisión, ni sufrimiento aparente en ellas, y por eso deben permanecer como una vía de conocimiento secreto, inaccesible, maldita. Mejor enseñarles a sufrir, a someterse. Jesús redentor era un fanático siniestro. Masoquista. Patológico. Servidumbre febril e incuestionable, o hedonismo autodestructivo. Esas son las únicas opciones visibilizadas. Nunca aceptarán que seas un rebelde constructivo. Es una contradicción demasiado grande para su visión del mundo. Los rebeldes sólo pueden ser trágicos y tristes. Un rebelde feliz es algo inaceptable para ellos. Un peligro moral a destruir, a despedazar, a desarmar. Toda desviación de lo establecido ha de canalizarse a través del resentimiento, del desarrollo de emociones negativas; pulsiones de muerte. De eso modo se asegura su propia, más o menos gradual, obliteración. La vida debe ser patrimonio exclusivo del poder y su lógica social. No puede ser de otro modo, bajo ningún concepto. Y aquí es donde surge la virtud disciplinante y canalizadora del castigo. Difícilmente puede haber castigo libre de resentimiento. Por eso la rebeldía debe ser castigada. Para transformarla en algo oscuro, amenazante, desquiciado. Para que no pueda ser ejemplo de nada bueno. El castigo es la obsesión del que odia la libertad.
Saturday, October 18, 2025
Trazos sectarios
Algo recurrente en el carácter de una buena parte de la población de esta ciudad son los trazos de comportamiento, cercenantes y casi obsesivos, típicos de alguien perteneciente a una secta. El sectarismo como psicología grupal. Dichos trazos se manifiestan, en mayor o menor grado, en: la desconfianza como punto de partida en las relaciones con el otro; la necesidad de reforzar y confirmar valores y creencias propios en el prójimo; la preponderancia de cuestiones religiosas o políticas (lo comunal) sobre conceptos más universales o menos marcados ideológicamente; como consecuencia de esto, la división confrontacional entre "los míos" (los que piensan como yo) y "los otros" (un rival a doblegar, convertir o expulsar); la imposibilidad de construir visiones o soluciones fuera de un marco predeterminado (un sentido crítico mutilado); el corporativismo como brújula social, es decir, la incuestionabilidad de las estructuras jerárquicas verticales y sus mecanismos; la infalibilidad de un sistema-mundo (construcción ideológica) con el que un grupo de individuos se identifica; la necesidad de juzgar (y paralizar así cualquier intento de disensión) a través de cadenas de mando interconectadas desde arriba hacia abajo; la tendencia a la beatificación y reverencia de líderes y fundadores (la figura fuerte como sublimación de lo humano hacia lo divino); la sospecha automática de defecto en la crítica, y defección en la falta de entusiasmo; la pasión, rayana o entrante en lo sádico, por el castigo; la búsqueda de un consenso reaccionario sobre el rupturismo revolucionario; en suma, la superioridad de lo irracional y tradicional sobre lo racional e iconoclasta, en situaciones diversas de crisis interaccional. Lo importante es la imagen y la superficie (el orden), no lo que discurre bajo ella (el desorden emocional).
Con tales trazos, son de imaginar los resultados sociales, y sus consecuencias deletéreas en todos los ámbitos de la convivencia y del día a día. Advertidos quedan.
Thursday, October 9, 2025
Guijarros
No dejamos de ser niños tirando guijarros contra la espuma, las olas, la inmensidad del mar. No dejamos de ser niños con ojos inquietos, observando ansiosos si nuestras acciones han cambiado en algo al gigante que nos enfrenta. Nuestras manos crecen en tamaño, nuestros brazos se hacen más fuertes, los guijarros se transforman en fragmentos de roca, pero el mar sigue ahí, desafiante, desdeñoso, y nuestro afán tampoco cambia. Abrir una brecha en las aguas y decir, henchidos, ese camino lo hice yo. Aunque las mareas acaben borrando nuestra huella en el mundo. Como todo. Pienso que el día en que deje de querer seguir tirando guijarros al mar, ese día, será el día en que deje de mirar a la orilla, le vuelva la espalda al horizonte, y camine por fin a la muerte.
